Musica, Propiedad Intelectual, Piratería

Hace unas semanas participé en un interesante debate acerca de “la piratería”. En ese momento yo defendí lo siguiente:

“Si ves por la calle un coche muy caro y muy chulo, pero tú no tienes dinero para comprarlo, no vas y lo robas. Puede que procures ganar el dinero suficiente, puede que te conforme con uno sin tantas prestaciones, puede que cojas el autobús. Pero no lo vas a robar. Pues con la propiedad intelectual igual. Si alguien crea un producto comercial tú no por qué oirlo, ni comprarlo, ni nada”.

El caso es que a partir de ahí decidí no escuchar más música “pirata” y darle una oportunidad a la música Creative Commons, es decir, de libre distribución. Fue una experiencia genial: descubrí grupos de los que jamás había oído hablar, nuevos estilos, envié canciones a mis amigos…

Pero la carne es débil, y tenía unas ganas terribles de escuchar algo de Dido. Así que, ni corto ni perezoso, me encaminé a la tienda pensando que, al ser un disco con un par de años, estaría muy barato. Tonto de mí. No tenían nada de Dido. Se me ocurrió buscar algo de Bryan Adams. Por menos de 7€ no tienes nada que pase de Los Chichos, aunque el disco tenga 10 años… Qué decepción.

Empiezo a buscar información por la red. Y lo que encuentro me entristece. Existen dos posiciones extremas, que se pueden resumir como “la propiedad intelectual es un derecho máximo” y “la propiedad intelectual es un sinsentido”. Y por el medio andan las leyes, los parlamentarios y los jueces. Cada uno dice lo que le da la gana, incluso las leyes se contradicen unas a otras. Lo mejor es cada vez que intentan solucionarlo: nueva ley al Parlamento, nadie se entera de demasiado, nadie está totalmente de acuerdo pero hay que calmar a los autores que dicen que les están robando. Y así acaban sacando leyes absurdas que la mitad de los jueces cumplen y la otra mitad consideran anticonstitucionales, como la del canon a cualquier soporte digital. Es como si compro un paquete de folios y tengo que pagar a Pérez Reverte porque existe la posibilidad de que fotocopie su libro en los folios. O porque existe la posibilidad de que alguien lea un fragmento de “Cabo Trafalgar” por la radio. Con perdón, hay que joderse.

Un abogado dice que cada vez que compremos CDs para grabar las fotos de vacaciones tenemos que ir al juzgado y poner una denuncia para que nos devuelvan el dinero del canon. Que sí, que no es broma. Y encima tiene razón, aunque, eso sí, todo depende si el juez acepta la ley del canon o no. O sea, un desmadre.

Mis conclusiones hasta el momento:

  • No quiero alimentar la capitalista y absurda industria discográfica. Luego tendré que pasar de Dido y Bryan Adams.
  • Las radios pagan derechos de emisión. Así que voy a seguir oyendo la radio si me apetece. Tengo derecho a grabar y escuchar una y mil veces una canción que oigo por la radio. Eso no significa que lo vaya a hacer, ya que en cierto modo estaría alimentando la industria discográfica al escuchar sus canciones.
  • Creo que compartir es bueno, es más, es genial. Pero creo que una persona tiene derecho a crear un “entretenimiento cultural” y cobrar por él lo que le de la gana. Creo que el camino a seguir es buscar “entrenimientos culturales” alternativos, que sean libres, y cuyos autores hayan decidido que toda la humanidad debe disfrutar de ese trocito de cultura.

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